Según los científicos que monitorean la temperatura diaria de la superficie del mar (TSM) a nivel global, se espera que los océanos del mundo alcancen el 10 de septiembre 100 días consecutivos de calor sin precedentes.

El cambio climático es el principal responsable del calentamiento de los océanos: la quema de combustibles fósiles está calentando el planeta y los océanos absorben la mayor parte de ese calor, a una tasa que en los últimos 20 años es más del doble que en los 40 años anteriores.
Solo en la última década se han añadido al océano unos 104 zettajulios de energía, equivalentes a 1.700 millones de bombas atómicas.

El Niño está agravando la situación este año, empujando temperaturas que ya de por sí eran récord hacia extremos sin precedentes. Lo más alarmante es que, incluso cuando El Niño remitió en 2024, los océanos no se enfriaron: los años de La Niña de hoy son más cálidos que los años de El Niño del pasado, y con un nuevo El Niño en formación, los récords de temperatura oceánica se están rompiendo nuevamente.
El océano ha absorbido el 93% del exceso de calor atrapado en la Tierra, pero ese colchón de seguridad se está debilitando: las temperaturas superficiales suben aceleradamente y los océanos absorben cada vez menos CO₂.
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El cambio climático ha hecho que las olas de calor marino sean diez veces más intensas y duren tres veces más que antes, y la mitad de las registradas desde 2000 no habrían ocurrido sin el calentamiento global.

Las oleadas de 2023 y 2024 costaron miles de millones de dólares y miles de vidas, provocaron el blanqueamiento de coral más grave jamás registrado, varamientos masivos de ballenas y delfines, mortandades de peces y mariscos, proliferación de algas nocivas, y potenciaron ciclones, lluvias extremas y olas de calor en tierra.
El impacto llega también a la mesa: el calentamiento oceánico amenaza la nutrición y la seguridad alimentaria, especialmente en países de ingresos bajos y medios donde la proteína marina es esencial, y aumenta la mortalidad infantil. El océano, columna vertebral de una economía global de casi 3 billones de dólares al año, está en el centro de una crisis que ya no es futura.
«Un océano más caliente altera las pesquerías y el suministro de alimentos, daña los arrecifes y las playas que sostienen el turismo, somete a tensión la infraestructura energética y alimenta el clima extremo que afecta a las comunidades y los negocios costeros», alerta el Dr. Tom Pickerell, Director Global del Programa Oceánico y Jefe de la Secretaría del Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, World Resources Institute.