Desde hace 13 años, este programa social de Así Sea Jeans llega a centros penitenciarios del departamento para formar y vincular laboralmente a personas privadas de la libertad
A través de la capacitación, el trabajo y el acompañamiento, Puntadas de Libertad busca convertir el aprendizaje de un oficio en una herramienta para construir nuevas oportunidades dentro y fuera de la cárcel
Más de dos millones de prendas han sido confeccionadas en los últimos 13 años por personas privadas de la libertad en Antioquia, como parte de Puntadas de Libertad, el proyecto social de Así Sea Jeans que lleva los talleres de esta empresa de confecciones al interior de los centros penitenciarios.

Jeans, camisetas, pantalones y otras piezas que nacen detrás de una reja, pasan por máquinas de coser y terminan en tiendas y armarios. Quien las usa probablemente nunca sepa quién hizo la última puntada.
Para quienes las confeccionaron, cada prenda puede representar algo mucho más grande: la posibilidad de aprender un oficio, generar un ingreso y volver a sentirse capaces.
Historia que conmueve

La historia comenzó en 2013, cuando Adriana Duque, gerente general de Así Sea Jeans, entró por primera vez a la cárcel de máxima seguridad de Pedregal. Llegó con miedo. Durante años había construido en su cabeza una imagen de las cárceles como lugares imposibles de habitar.
Aquella primera visita terminó cambiándole la manera de mirar a quienes estaban allí. “Yo salí de ese lugar y miré al cielo y le dije a Dios que eso era lo único que yo quería hacer el resto de mi vida”, recuerda.

Adriana viene de una familia campesina del Oriente antioqueño que tuvo que dejar sus tierras en medio de la violencia y comenzar de nuevo en Medellín. Su padre, agricultor, encontró en la confección una forma de sostener a una familia de diez hijos.
Con los años, aquella empresa familiar desarrolló también una vocación social: ayudó a mujeres cabeza de hogar de barrios periféricos de Medellín a conseguir máquinas de coser y montar pequeños talleres en sus casas para trabajar sin alejarse de sus hijos.
Cuando Duque comenzó a visitar las cárceles, llevó brigadas de salud y jornadas de aseo. Pero después de varios años apareció una pregunta: qué pasaría si, además de llevar ayudas, encontraban una manera de aprovechar las capacidades y el tiempo de las personas privadas de la libertad. La respuesta estaba en la experiencia de su propia empresa. Si sabían confeccionar afuera, podían aprender a hacerlo adentro.