En un caso médico tan extraño como inquietante, una asistente dental de 21 años intentó acabar con su vida inyectándose 10 ml (unos 135 g) de mercurio puro por vía intravenosa.
La radiografía que le hicieron parecía sacada de una película de ciencia ficción: un patrón brillante siguiendo el recorrido de los vasos sanguíneos en sus pulmones, con mayor acumulación en la parte baja, como si estuviera hecha de metal líquido.
Sorprendentemente, solo presentó tos seca, dificultad para respirar y algo de sangre en el esputo. Fue tratada con medicamentos para eliminar metales pesados durante nueve meses, pero los niveles de mercurio en su cuerpo apenas cambiaron.
Diez meses después… seguía viva, sin daño renal, neurológico ni digestivo, aunque sus pulmones guardaban para siempre el rastro plateado de aquel momento.
Este caso, publicado en el New England Journal of Medicine, mostró cómo el mercurio elemental puede causar un embolia pulmonar sin envenenar al resto del cuerpo… al menos de forma inmediata.
