¡Otros que no pasaron la prueba!

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A ver si trato de entender: a la naturaleza le encanta la cantidad. Todo en ella en generoso. No es sino ver un palo de mango en cosecha casi para reventarse de frutos. Igual con uno de naranjas o cualquier fruto.

Con los seres humanos es igual: aunque la hembra solo puede parir cada año, esta especie está en celo siempre y el resultado salta a la vista: ya somos más de 7.000 millones… y la cifra sigue creciendo.

Y entonces me pregunto ¿cuál es la medida de la sostenibilidad del planeta o de otra forma, de la naturaleza?

Ese algoritmo natural, responsable de preservar las especies ¿en qué momento se inactiva cuando se llega a un grado de crecimiento y se pone en peligro la propia supervivencia?

¿O no aplica para los seres humanos que han sido los responsables de salirse de la línea natural y cómo dice la biblia “rebelarse contra Dios”?

Este dilema filosófico es bastante interesante y si la naturaleza se equivoca con una especie que evolucionó hasta el punto de ser la víctima de su propio desarrollo, pues en la galaxia existen millones de planetas donde puede comenzar de nuevo.

Es decir, a la naturaleza le importa un pepino que los hombres hagan explotar su propio planeta. Y tal vez eso de desarrollar “vida inteligente” no era para esta tierra. Y haciendo otra vez alusión a las citas bíblicas, serán expulsados del paraíso.

Uno tampoco alcanza a explicarse porque se crea una especie tan cruel y violenta como los seres humanos. No es sino darle un vistazo a la historia de la humanidad, para ver todos los horrores de que es capaz.

¿Bueno, a que vienen estas reflexiones?

Quizá para pensar sobre la importancia de detener el crecimiento depredador. La naturaleza lo equilibró todo con la denominada cadena alimenticia que permite tener el número adecuado de seres vivos sin poner en peligro la supervivencia.

En el caso humano esta cadena se rompió y estamos acabando con la casa. Revertir este proceso para la naturaleza es relativamente fácil. Ella se va sacudiendo poco a poco con terribles incendios por aquí, tempestades por allá, huracanes, sismos, heladas extremas y todo lo que está por venir.

Para los hombres revertir este proceso es demasiado complejo, pues hemos creado un mundo de bienestar sustentado en el consumo. Y reducir el factor “consumo” es renunciar al capitalismo salvaje. Un monstruo creado por las élites que han traído progreso y desarrollo a todo nivel (aunque la cifra de pobreza es vergonzante), pero que han generado dentro de su egoísmo y ambición, el caos que estamos viviendo hoy.

Hoy más que nunca está a prueba la inteligencia humana. Si falla o la utilizamos mal, sucumbimos como individuos y especie.

A la naturaleza no le importa. Los que desaparecemos somos nosotros y la tierra y el universo siguen ahí.

Quizá en el futuro lleguen habitantes de otros mundos y exclamen con sorpresa: ¡otros que no pasaron la prueba!

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